Thursday, 22 January 2009

Certezas de un espíritu agnóstico


Yo no sé si hay vida después de esta vida; si el ser humano está destinado a ser inmortal en algún lugar celestial o a sobrevivir en el corazón de los que lo aman. Lo que si sé es que si viviéramos cómo si esta vida fuera la única, lo haríamos plenamente. Apreciaríamos cada momento, tomaríamos cada oportunidad, nos llenaríamos la mente y el espíritu con el asombro que la vida produce y agradeceríamos cada nuevo día. Sé que si no confiáramos en la inmortalidad celestial, buscaríamos con más ahínco la terrenal, tratando de dejar nuestra marca en la historia, grande o pequeña, de nuestro tiempo, haciendo de cada acción algo significativo y tornándonos en los héroes de nuestro propio cuento. Y sé que si en verdad creyéramos que solamente sobrevivimos en el recuerdo y el cariño de los que nos conocieron, nos aseguraríamos de abonar esos corazones con continuas dosis de amor.

Tuesday, 20 January 2009

Adivinen el Personaje




Para todos los amigos que se consideran de alguna forma cristianos/católicos, ya sea de forma devota, no practicante o cultural. El juego es muy sencillo: lean las siguientes informaciones y decidan a que figura religiosa se refiere. Empecemos:

a) “El que no coma de mi cuerpo, ni beba de mi sangre, para que sea uno en mi y yo uno en él, no recibirá salvación…’

b) “Nació de origen divino; fuel mutilado y asesinado por las fuerzas del mal; se hizo rey de la vida después de la vida y juez de los muertos. Gracias a que conquistó a la muerte, los justos también la vencerán. Representó el ideal de un alguien que fue hombre y dios a la vez. “

c) “Dios hecho manifiesto, salvador común de la humanidad.”

d) “La estrella de la salvación ha surgido del este.”

e) “Los que tomaban parte de la ceremonia, sacaban una estatua tallada en madera y se hacían la señal de las cruz en las manos, rodillas y cabeza. Al llegar la celebración de este misterio a su clímax, se anunció que hoy, a esta hora, la virgen ha dado luz a…”

f) “De acuerdo con el mito, el milagro de convertir el agua en vino ocurrió durante las bodas de…”

g) “Un hacedor de milagros resucitó a una mujer que había estado muerta por 30 días.”

¿Listos? Muy bien, he aquí las respuestas:

a) Mithras

b) Osisris

c) Julio César

d) Adonis

e) Aion

f) Dionisio y Ariadna

g) Empédocles.

Todos estos personajes preceden al cristianismo, un hecho admitido por los padres de la iglesia y cuya explicación fue que "El Diablo se habia adelantado para confundir a los cristianos". Ninguno proviene de la cultura hebrea. Todos pertenecen a cultos existentes en el Imperio Romano.

Da que pensar.

Thursday, 15 January 2009

Matar en nombre de Dios


Matar en nombre de Dios

Autor: Alberto Muller

Todos – creyentes y no creyentes - vivimos bajo la sombra y al asombro de Dios.
Matar a seres indefensos e inocentes en nombre de Dios es una tergiversación malsana y grosera del respeto que debemos profesar a la persona humana.


Precisamente la dignidad del ser humano se fundamenta en haber nacido a “imagen y semejanza de Dios.”


Y Dios no se sirve de otra cosa, sino del amor...como afirmaba con hondo sentido salvífico San Juan de la Cruz. ..

http://www.autorescatolicos.org/albertomullermatar.htm

Okey…voy a meterme en camisa de once varas, porque a veces la ignorancia se pasa de la raya.

Muchos cristianos y católicos piensan como el Sr. Muller. También lo hacen muchos judíos, musulmanes, creyentes de religiones no monoteístas, humanistas, agnsoticos y ateos -por lo menos en lo referente a la dignidad humana y el respeto y amor que debemos profesar a nuestros hermanos. Para efectos de esta discusión, sin embargo, me limitaré a los monoteístas. Noten como el Sr. Muller hace referencia específica a los terroristas musulmanes del 11 de septiembre. Hay dos dichos que me vienen a la mente, uno un poco menos elegante que otro: “El que tiene casa de vidrio no le echa piedras al vecino” y “El que tiene rabo de paja se mantiene lejos de la candela.” Así que veamos algunos ejemplos de estos peligrosos rabos y paredes de cristal.

En la Santa Biblia Católica, podemos encontrar los siguientes versos:

· Deuteronimo, capitulo 2: “21 Estos eran un pueblo grande y numeroso; eran altos como los anaquitas. A éstos Destruyó Jehová delante de los amonitas que les sucedieron y habitaron en su lugar, 22 como hizo también con los horeos, a los cuales Destruyó delante de los hijos de Esaú que habitan en Seír, quienes sucedieron a aquéllos y habitaron en su lugar, hasta el Día de hoy.”

· Josue, capítulo 6: “8 Entonces Jehová dijo a Josué: --Extiende la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano.

· Jueces, capítulo 3: “1 Estas son las naciones que Jehová dejó para probar por medio de ellas a Israel--a todos los que no Habían conocido ninguna de las guerras de Canaán--, 2 Sólo para que las generaciones de los hijos de Israel conociesen la guerra y la enseñasen a los que antes no la Habían conocido…”

· Jueces, capítulo 21: “18 Luego se levantaron los hijos de Israel, subieron a Betel y consultaron a Dios diciendo: --¿Quién Subirá primero por nosotros a la batalla contra los hijos de Benjamín? Y Jehová Respondió: --Judá Subirá primero.”

· Oseas, capitulo 9:”11 dijo el Señor….No los amaré más porque todos sus líderes son rebeldes. La gente de Israel…se secarán sus raíces; no tendrán más frutos. Y si dan a luz, yo asesinaré a sus amados hijos

· Éxodo, capítulo 4 :” 21 Y Jehová dijo a Moisés: --Cuando estés de regreso en Egipto, haz en presencia del Faraón todas las señales que he puesto en tu mano. Sin embargo, yo endureceré su Corazón, y él no Dejará ir al pueblo.” Nota: habría que preguntarse qué habría pasado si Dios no hubiera endurecido el corazón del faraón. Probablemente el pobre Dios se hubiera quedado con las ganas de mandar ranas y langosta y el ángel de la muerta par que asesinara a todos los primogénitos egipcios.

Estos ejemplos son apenas la puntita del iceberg. La Biblia está repleta de momentos en que Jehová manda a asesinar a pueblos enteros. Para los crstianos (con perfecta razón), cuando el hombre comete este tipo de genocidios, es un mosntruo sanguinario. Cuando lo hace Dios, es una misteriosa manera de hallar el camino hacia su plan de salvación (???). En su código legal, la pena mas común que Dios impone por los crímenes ejecutados, desde trabajar un sábado hasta haber sido violada en la ciudad (la víctima es una criminal, por no haber gritado lo suficientemente duro) es la muerte a pedradas o lapidación.

Ahora, muchos pensarán que como uso la palabra Jehová, estas lecturas pertenecen a la Biblia de los Testigos de Jehová. No es así. Son sacadas de la Biblia Católica. Luego estarán los que pensarán algo así como que “bueeeno, pero eso es el Antiguo Testamentoooo…no tiene nada que ver con Jesús.” Cierto. Pero en ningún lugar del Nuevo Testamento reniega Jesús de Jehová, o dice que el Padre sea diferente al tradicional Dios Hebreo. Y tanto la iglesia Cristiana, como la Católica, basan la gran mayoría de sus creencias en el Antiguo Testamento.

Pero regresemos al tema: Matar en Nombre de Dios. Ya estoy acostumbrada que las personas tenga memoria corta para algunas cosas y largas para otras. Pero que gente de la fe cristiana de a entender que los musulmanes son unos salvajes porque se la pasan matando gente, como si la historia de la cristiandad no tuviera las manos manchadas de sangre, me parece el colmo de la hipocresía. Desde el momento que los cristianos llegaron al poder con el Emperador Justiniano (el cual se convirtió porque estaba seguro de que Jesús lo había ayudado a ganar una batalla), lo primero que hicieron fue aniquilar, legal, moral y físicamente a sus competidores religiosos.

Durante el reinado de la cristiandad en Europa y América, gente fue quemada, torturada, ahorcada, masacrada, desterrada, descalificada, humillada y pare usted de contar. Hay ejemplos clásicos, cómo las cruzadas (donde la mayoría de las personas de la gente que los cruzados mataron, hasta llegar a Jerusalén, eran cristianos, solo que no europeos) hasta menos conocidos, como la masacres a los hugonotes (herejes) de Francia. Durante las guerras religiosas, se asesinó a gente a diestra y siniestras, en ambos bandos, por que algunos creían que Jesús estaba físicamente –si bien invisible- presente a la hora de la comunión y otros tomaban su presencia como algo simbólico. Hoy en día, hay cristianos que claman la pena de muerte para los homosexuales (basándose en el Antiguo Testamento) y el Papa los compara con fuerzas destructivas con el potencial de aniquilar el planeta –mientras pocos curas languidecen en la cárcel por abuso sexual. Musulmanes, Cristianos, Judíos… todos tienen un arsenal de odio y sangre en sus libros sagrados cómo para hacer de nuestro mundo un obscuro recuerdo en el tiempo. Pero también tiene otro igualmente poderoso para vivir en paz y armonía. La decisión no es divina; es humana.

Wednesday, 14 January 2009

Ilusiones entre nosotros

K. de Barratt

(2008)

Volver a verte otra vez…

A veces en verdad lo pienso.

A veces me convenzo de que vale la pena

Abrirte las puertas y dejarte entrar de nuevo.

Después de todo me hiciste feliz.

Y yo te amé.

Cuánto, cuánto te amé.

Y al recordar la vehemencia que en mí que despertó

Tu nombre -mis rodillas hincadas, mis brazos elevados,

Suplicantes, mi alma vibrando como las cuerdas

De un violín enfurecido, mis lágrimas,

Cascadas salvajes lavando mi rostro

De la inmundicia que significaba mi humanidad-

Mi corazón, otrora globo de calor, agradecido

Ante la magnificencia de tu amor y compasión,

Se retuerce, asqueado.

La garganta se me cierra en un puño de carne y saliva.

En dique bañado en hiel.

Ya no puedo verte otra vez.

Los ojos de la que fui ya no están ahí.

La mirada se borró, se perdió en el laberinto

De mentiras y medias verdades.

Y hay días en que camino con la resignación de los exiliados.

Con el paso pragmático de las viudas de guerra, treinta años después.

Y hay días en que extraño esa pasión que atizaste en mi.

Y hay días en que necesito a alguien y pienso en ti.

Y hay días que en verdad quisiera volver a creer.

Y hay días en que deseo destruir pulpitos y libros ante la rabia que me causas.

Y hay días en que el amor que aún existe reverbera y me llena de tristeza.

Pronto habrá días en que no te recordaré.

Porque si en verdad me hubieses conocido,

Sabrías que no eres el primero

Que hace añicos mi espíritu.

Sabrías que antes de conocerte ya me habían roto.

Que marcho por la vida con mis heridas

Camuflajeadas por la rutina.

Si me hubieras conocido sabrías que jamás volveré a verte

Como alguna vez te vi.

Sabrías que ya antes hice al amor a un lado, para salvarme.

Pero si me hubieras conocido, habrías sido real.

Y ya no caben ilusiones entre nosotros.


Tuesday, 13 January 2009

A Dios Gracias



Mi intención original con este blog fue la de describir de manera cronológica mis andares y desandares por el cristianismo. Sin embargo, la organización metódica nunca ha sido mi fuerte, así que hoy me voy a dar un salto, o mejor dicho, un paréntesis, para comentar algunas reflexiones. Estas surgieron a colación de los comentarios de un compatriota en un foro, en referencia a la campaña atea que se inició hace poco en España, importada desde mi segunda patria, Inglaterra. La Asociación de Ateos y Libre Pensadores ha puesto algunos anuncios en autobuses públicos, pregonando que “Dios probablemente no existe, así que no te preocupes, disfruta la vida”. La respuesta del forista fue que él disfrutaba la vida más que un ateo, porque sabía que su Creador lo protegía.

Esto es una idea que alguna vez acepté como cierta y que ahora me asombra. Cuando amé al Dios cristiano, lo hice, entre otras cosas, porque mi vida había sido y es privilegiada. Si bien es cierto que he tenido mis tragedias, también lo es que siempre me ha ocurrido lo menos malo que podría haber pasado, un hecho que, católica no-practicante o ferviente cristiana, siempre se lo atribuí a Dios, sin darme cuenta de lo egoísta y ególatra que es.

Para ilustrar un poco mejor lo que intento decir, permítanme darles un ejemplo. Tengo una prima a quien adoro (y que espero que no se moleste por lo que viene a continuación) que en Diciembre realizó una de sus metas: abrir una tienda de arbolitos de Navidad importados, con sus respectivos accesorios y adornos. Cómo comprenderán, y lo digo sin ánimo de quitarle importancia, éste es un tipo de negocio temporal, que dura un par de meses, como mucho hasta las próximas Navidades. A principios de Diciembre, leí en su Facebook un mensaje desesperado. Una torrencial lluvia había anegado a Caracas y las calles alrededor del Centro Comercial estaban tan intransitables, que el personal tuvo que prenotar esa noche en la tienda. Gracias a Dios, continuó explicando mi prima, el agua no había entrado en su establecimiento, ni había dañado su mercancía. Y en un sincero rapto de agradecimiento, mi prima, que ni siquiera se considera cristiana no-practicante, pero cree en el gran poder del señor que vive allá arriba, le escribió una nota en su Facebook a Dios, agradeciendo el que la hubiera protegido.

Esa noche, cuando la lluvia convirtió las calles caraqueñas en ríos, nueve personas murieron y una continúa desaparecida. Se cayeron casas de pobres y casas de ricos, por lo que además de muertos, hubo heridos y gente que literalmente quedó en la calle. Por aquella razón de que “los caminos del Señor son misteriosos”, Dios se ocupó de salvar una tienda de arbolitos de Navidad, pero cerró los oídos a los que murieron tapiados o vieron sus hogares irse con el agua y el lodo.

Ni por un instante quiero llamar egoísta a mi prima. En su percepción Dios fue generoso con ella y me parece justo que le agradezca. Su manera de ver las acciones divinas no es extraña, sino, por el contrario, la típica de la mayoría de los creyentes. Vivimos nuestra realidad y nos vemos más allá de nuestra existencia. Una de las razones por las que dejé de creer en el Dios de la cristiandad, fue darme cuenta que mientras yo andaba cantando alabanzas y dando gracias por la belleza y salud de mi hija, miles de madres africanas lloraban y sufrían, pidiéndole al mismo Dios una miserable taza de leche para darles a sus hijos moribundos, porque sus pechos secos ya no podían darles sustento. Y mientras Dios me colocaba en una posición económica en que me podía dar el lujo de elegir entre tres marcas diferentes de leche orgánica para darle a mi muchacha, esas mismas madres veían impotentes morir a sus bebés, sin el más consuelo divino que el de la esperanza de que sus almas sean recibidas en el cielo –asumiendo que hayan sido bautizados, si son católicos, o hayan aceptado a Jesús (un poco dificil cuando se tienen seis meses de edad) como su salvador, si son evangélicos, claro está. Si por casualidad son musulmanes, budista o pertenecientes a alguna religión africana, pues que pena: ese bebé, que no hizo más que sufrir en este vida, cuyo único pecado fue haber nacido en la sociedad no-cristiana que Dios le designó, va de patitas al infierno/purgatorio/limbo, de acuerdo a la secta cristiana que estudie el caso.

Cuando todavía creía, solía enmarañarme el cerebro tratando de resolver este problema. Normalmente un creyente puede ver en el mal y/o el sufrimiento, una lección que aprender, que lo hará más fuerte o mejor persona. En ese caso el mal es a la larga una bendición que agradecer a Dios. Pero, ¿qué lección puede aprender un bebé de tres meses? ¿Qué el mundo es un lugar de sed y hambre y enfermedad y dolor? ¿Y de qué manera hace dicha lección moralmente más fuerte al bebé, si éste terminaba muriendo? Si los cristianos creyeran en la reencarnación, el asunto tendría algún sentido, aunque la lección pareciera sumamente cruel. Pero ese no es el caso. Luego traté de ver el problema del sufrimiento cómo una oportunidad para nosotros, los que estamos en mejor condición económica, para practicar el amor a nuestros hermanos y servir de “ángeles terrenales,” haciendo la obra de Dios en la tierra. Quizás esa teoría suene muy bien a los oídos de los que estamos de este lado de la verja, pero, ¿es acaso justo para los que sufren? ¿Dónde está el amor divino cuando éste te hace nacer en pobreza infinita, sólo para que otros escriban unos cuantos cheques a favor de una fundación y se puedan sentir bien consigo mismos por haber practicado la caridad cristiana?

La última posibilidad que le queda el creyente es confiar que Dios sabe lo que hace, que no está loco, que sus designios son inescrutables, que el jarrón esta bajo la voluntad del alfarero, que no es Dios, si no los hombres en el poder, que lo usan para el mal. Tal vez. Pero la Biblia, la sagrada palabra de Dios, dice que todo poder viene de Dios. Es decir, todo aquel que está en el poder, lo está porque Dios lo puso ahí. Por tanto Hitler, Stalin, Mao, Pinochet, Castro, Bush, Chávez –todos llegaron al poder por designio divino. El Dios que todo lo sabe, supo lo del Holocausto y no mandó ni un angelito para avisar a los judíos. El Dios que todo lo ve, vio el terremoto en Perú y no atascó la puerta de la iglesia, para que la gran mayoría de sus creyentes no murieran tapiados en ella. El Dios que dejó caer el maná del cielo, ha visto la hambruna africana y no ha hecho descender ni siquiera un poco de agua para aliviar la sed. Ese es el mismo Dios en el que el forista venezolano confía para que lo proteja, al que los creyentes dan gracias cuando ganan un loto, obtienen una promoción en el trabajo o se compran un carro nuevo.

Cuando ocurrió el deslave en la Guaira en el 2000, miles de personas murieron, una gran mayoría perdió su hogar, la ciudad quedó prácticamente destruida… un estatua de la Virgen de Coromoto fue transportada por la corriente de una iglesia a otra, en donde quedó a los pies de un gran crucifijo, y la gente gritó ¡milagro! Y mientras Dios se ocupaba en estos arreglos decorativos, un perro rottweiler llamado Ori
ón, salvó la vida de decenas de personas. Da que pensar, ¿no? El filósofo griego Epicuro dijo una vez: “Es que Dios quiere prevenir la maldad, pero no es capaz? Entonces sería impotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces sería malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De donde surge entonces la maldad? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?” Buena pregunta.


Monday, 12 January 2009

En el Principio...




En el principio fui atea, porque nadie nace creyendo en Dios. Técnicamente se me consideró católica, ya que fui bautizada en esa fe al año de nacida y por una razón que aún no comprendo, alguien me confirmó en la religión ese mismo día, así que en verdad tuve muy poca elección al respecto. Ahora, por lo que he visto hay dos tipos de católicos, particularmente en Venezuela: los que nacen y los que se hacen. Los segundos son una rareza y se dan más comúnmente en el sector evangélico. Los primeros también parecen subdividirse en categorías: los practicantes y los no-practicantes.

Un católico practicante va a misa, tiene un confesor designado, lo conocen en la iglesia por nombre, le hace caso al Papa, da clases de catecismo, nombra a sus hijos de acuerdo al santoral, se conoce al dedillo las reglas de la iglesia, los sacramentos, los pecados capitales, las virtudes, pertenece a una sociedad benéfica, reza el rosario todos los días a la hora del Angelus. Por alguna razón parecen pertenecer en su mayoría a los dos extremos económicos de la sociedad: es decir los pudientes, clase media-alta o sinceramente ricos, o las clases humildes o realmente pobres.

Un católico no-practicante nace en una familia que se define católica. Hace la primera comunión a los ocho años y a menos de que lo pongan a estudiar en un colegio de monjas o curas, no vuelve a pisar una iglesia hasta que alguien se casa, se bautiza o se muere. El católico no-practicante conoce los 10 mandamientos, no necesariamente en perfecto orden, sabe que Jesús murió por nuestros pecados y puede que desarrolle una cierta familiaridad con él, llamándolo algo así como que “Chui, Chuito, Jesucito” y sus plegarias tienden a ser, si son hombres, algo parecido a: “Cónchale Chuito, méteme una mano aquí, papá.” Si son mujeres, los más probable es que se sientan identificadas con una virgen o una santa en particular y sea a ellas a las que pidan intersección. Los católicos no-practicantes se persignan en momentos de tensión o alivio, pueden exclamar “Jesús, María y José” en momentos de asombro y se casan por la iglesia con los condones y las pastillas anticonceptiva guardados en la maleta. No confían mucho en los curas, pocas veces han leído la Biblia, juran que Jesús se parece a Robert Powell en la película de Zefirelli y no ven conflicto alguno en poner un bonachón Buda entre el Niño de Atoche y la Virgen de la Rosa Mística. Creo que está demás decir que yo fui una católica no-practicante.

Realmente no sé cómo ocurrió. Después de todo, cursé primaria en un colegio de monjas y debo confesar que la religión siempre me llamó la atención. En segundo grado solía dirigir misas en la parte trasera de la concha acústica del colegio, usando tostones (hojuelas de plátano frito) como hostias. Escuchaba las confesiones de mis compañeras y prescribía las respectivas penitencias, como entregar el dinero de la merienda a la persona que habían ofendido y cosas por el estilo.

Supongo que el comienzo de mi desilusión con la iglesia católica comenzó durante la preparación para la comunión. Primero, casi nada me quedó en la cabeza de lo que me enseñaron. Con razón o sin ella, llegué a la conclusión de que cuando Adán y Eva fueron arrojados del Paraíso, las puertas del cielo se cerraron y que no podrían abrirse de nuevo a menos que alguien sin pecado pasara a mejor vida. Así que por mucho tiempo, Jesús fue para mí una especie de llave mágica. Mi segunda decepción se dio cuando me informaron que no podía ser cura. Nuestra clase tenía misa todos los miércoles y había observado lo suficiente al padre para concluir que no había nada que él hiciera que yo no pudiera hacer. El tercer desengaño ocurrió cuando me enteré que para la Primera Comunión nos vestiríamos de monjas. Yo soñaba con el traje de novia de la fotos familiares: el encaje, el velo, la Biblia forrada en nácar. El cuento de que me iba a vestir como la Novia de Dios no me satisfizo ni un poquito: ¿quién se casa, aunque sea con Dios, con un traje de monja, liso, plano, sin el más mínimo volante?

Mi mayor desilusión, sin embargo, llegó el día de la comunión. Quizás deba aclarar primero que si algo me sobraba a esa edad era imaginación e ingenuidad. Así que cuando nos dijeron que Jesús bajaría a la hostia, pues mi expectativa era verlo. Literalmente. Un mini Jesucito bajando cómo una luz e incrustándose en cada pedazo de pan. O quizás un Jesús de tamaño natural flotando sobre el cura. O tal vez la Paloma de la Paz (por alguna razón nunca le presté demasiado atención al Espíritu Santo). O por lo menos un destello, una estrella, un angelito como la Campanita de Peter Pan. Nada. Sólo una oblea insípida que se deshizo inmediatamente en mi boca y un sorbo de vino amargo. Pero por lo menos ahora, que tenía a Jesús dentro de mí, yo era casi una santa, por aquello del cordero que quita el pecado del mundo. Para probar mi nueva adquirida santidad, al llegar a la casa me quité el bendito hábito, me metí en un par de pantalones y una camisa y me subí al árbol más alto del patio para proferir todas las obscenidades que había escuchado en mi vida, segura de que Dios iba a jugar tenis con cada una de ellas. Pero todas salieron de mi boca, clara y fácilmente. Por lo visto Jesús no estaba haciendo un muy buen trabajo o las obscenidades no contaban, ya que no estaban en los 10 mandamientos.

Lo cierto es que después de mi primera comunión, las únicas veces que pensé en Jesús fue en Noviembre, porque en la tradición venezolana es él quien trae los regalos navideños a los niños. Y cuando descubrí la verdad sobre los regalos, pues Jesús fue sólo una beatifica imagen en las películas repetidas de Semana Santa. Y así perdí mucho de mi fe, a la tierna edad de los 10 años. Empero, los caminos del Señor son misteriosos, como dicen por ahí. Poco antes de marchar a Estados Unidos (iba para los 12 años) vi una película bíblica, David y Betsabé. En ella David explicaba a Betsabé que uno de los problemas entre la gente y Dios, es que todos venían a El con las palmas hacia arriba, pidiendo, y pocos venían hacia El con las palmas hacia abajo, en posición de agradecimiento y adoración. Admito que hasta la fecha no termino de entender que es lo que significa “adoración.” Creo que es algo parecido a cómo cuando uno mira por horas a un bebito, pero no estoy segura. Pero si comprendí lo del agradecimiento. Y sentí una infinita lástima por el pobre Dios, con todo ese gentío pide que te pide, y casi nadie dándole las gracias después. Esa noche prometí que le rezaría todas las noches, para que no se sintiera tan solito. Y así lo hice por 31 años, hasta hace tres meses atrás, cuando comprendí que la que estaba sola, hasta nuevo aviso, era yo.

Sunday, 11 January 2009

¿Por qué?



¿Por qué?

La modestia y las buenas costumbres parecieran indicar que hay temas que deben permanecer privados: política, religión y sexo… Entonces, ¿por qué ir pregonando a los cuatro vientos que he perdido la fe, que no creo, que no veo, que como dice Cold Play, se que “San Pedro no va mencionar mi nombre” principalmente porque me importa un rábano San Pedro? Mi primera respuesta es un franco y mediocre, “no sé”. Luego viene una arrogante voz, muy a lo Dawkins, que me sugiere que debo abrirle los ojos a los pobres ilusos a mi alrededor. Afortunadamente he aprendido lo suficiente en esta vida para no hacerle demasiado caso a voces “sabe lo todo”.

Al principio pensé dejar las cosas tranquilas: le informé a un grupo de amigos cercanos a quienes había tratado de inspirar con la verdad divina de Jesús y la Biblia, principalmente porque me pareció lo más justo. Había pasado mas de un año enviándole e-mails y videos, así que pensé que tenían derecho a saber el resultado de mi andar religioso. Mi madre por supuesto puso el grito en el cielo; pero igualmente gritó cuando le dije que cómo que me estaba volviendo evangélica, así que debo concluir que esa es su reacción natural a casi todas mis acciones. Pero por alguna razón eso no fue suficiente. Si bien mi de-conversión me trajo paz en muchos sentidos, algo me seguía molestando, manteniéndome despierta, elaborando diálogos inaudibles en mi mente. Entonces comprendí el origen de mi desazón: dolor, llano y simple. El dolor del que ha amado con todo el alma sólo para descubrir que el objeto de su amor tiene pies de barros, por decir lo menos. Afortunadamente ya me habían herido antes. Ya me habían hecho añicos el espíritu y tornado mis ojos en fuentes interminables de dolor sin fin. O por lo menos eso pensé. Pero resulta que si uno lo deja, el dolor se mengua, se acaba, se hace aire y después nada.

Cuando me senté a recordar cómo me había curado del desengaño la primera vez, me di cuenta que lo que funcionó para mí fue lo que podríamos llamar “terapia de comunicación”. O en palabras menos rimbombantes, hablar, contar. En ese entonces conté mi historia a todo aquel que quisiera escucharla: a mi familia, a mis amigos, a señoras en la parada de autobús, a chóferes de taxi, al psicólogo, al diario íntimo, al pobre hombre que me invitó a tomar café, al aprovechado que quiso consolarme tratando de llevarme a la cama, al perro de mi casera, al striptiser masculino que se sentó en mis piernas en una noche de chicas… la conté llorando a moco tendido, furiosa, resignada y muerta de la risa. Y de tanto contarla ya no fue mía. Con cada repetición la obra dramática se hizo mas ajena, se quedo atrás mientras yo continué mi camino y lo que alguna vez me definió no es más que una anécdota añeja de esas que se repiten en días de lluvia, cuando se va la luz y comienzan los cuentos de fantasmas.

Así que estoy esperando que la terapia funcione otra vez: que narrando lo que me acercó y luego alejó del cristianismo traiga el mismo efecto. Supongo que poner estas reflexiones en un lugar público me abre al debate y a la discusión y personalmente no tengo problema con ello, aunque probablemente este pecando de vanidosilla, pensando que habrá personas interesadas en mi crisis espiritual. En cuantos a mis amigos, por un lado está ese deseo de no querer ofender a nadie y por el otro lado está la necesidad de ser fiel a mi misma. Y si alguna fe firme aun me queda, es que si mis verdaderos amigos leen este blog, seguirán siendo mis amigos aunque los ojos se les pongan como chivo comiendo tamarindo y vayan corriendoa rezar siete Ave Marías por la salvación de mi alma.